Yaiza Pequeño ♡

amor

Sé y solo sé

Escrito por pieldemelocoton 24-06-2017 en #sé. Comentarios (0)

Lo único que realmente sé de ti es que perder el tiempo ha sido tu pasatiempo favorito. Te he visto caminar sin rumbo día tras día. Te he sentido triste sentado en el sofá viendo como el reloj marca las horas y de repente: fin del día. Un día más, y un día menos.

Tengo no sé si la gran virtud o el enorme defecto de querer que todo ser humano que me rodea sea feliz, haga cosas, se alimente y florezca. Quiero, o mejor, deseo que todo ser que pise la Tierra cumpla con su cometido aquí. Sea el que sea. Veros crecer y evolucionar.

Por todo eso, en lo único que no puedo dejar de pensar es en cómo el mundo se está rompiendo cada vez más y ya no existen tiritas tan grandes que puedan cerrar las brechas que se han abierto. Supongo que todos nos lo hemos ganado a pulso. Pero ahora que ya no es posible ponerle freno, al menos exprimir todo el jugo posible al momento que tenemos delante. De nada sirve, y mucho menos para aprender, quedarnos sentados y esperar. No hay nada más horrible que ver marchar nuestros días sin cogerlos y hacer de ellos una aventura. No somos quien somos por lo que tenemos ni por quien nos quiere. Somos quien somos por lo que hacemos, lo que decimos que haremos y lo que al final no hacemos. Nuestros actos nos definen, son nuestra religión. Somos quien somos cuando decidimos mudarnos a otra ciudad o incluso a otro país, y empezar de cero. Somos quien somos cuando ayudamos a alguien a tener un día mejor y cuando antes de dormir, pensamos en todo aquello que queremos hacer y no hacemos por miedo. Somos la suma de nuestros deseos, nuestros fracasos y nuestras más terribles derrotas. Y si estás leyendo esto, felicidades, estás vivo y tienes ante ti una oportunidad nueva de construirte y definirte. No todos tienen la misma suerte, así que aprovéchalo. Crece, florece y sobre todo SÉ, sé mucho y muchas cosas. Todas las que quieras. Y empieza hoy.


BIMBA A SECAS

Escrito por pieldemelocoton 23-01-2017 en lucha. Comentarios (0)

Siempre he dicho que la inspiración puede encontrarse en cualquier rincón, desde una canción hasta una clase de matemáticas, aunque os parezca imposible, incluso cuando parece que lo que vemos es aburrido, monótono y gris. Y hoy, más gris que nunca.

Cuando por fin, después haber disfrutado de las Navidades entre apuntes y libros varios, he llegado a mi casa con mi último examen final de este cuatrimestre hecho, y espero que aprobado. He cogido mi teléfono móvil para echar un vistazo a mis redes sociales y me he topado con una noticia que me ha encogido el corazón: una víctima mortal más de esa nube negra que deambula por encima de nuestras cabezas y que en cualquier momento se posará sobre nosotros… El cáncer. La eterna, brillante e inspiradora Bimba Bosé ha perdido la batalla contra esa inmensa pesadilla que reconozco, me ha quitado el sueño más de una noche. Porque yo, la constante defensora del destino y de que todo está escrito, no puedo evitar pensar que irremediablemente podrá aparecer para dejar la peor huella que puede existir sobre la faz de la Tierra, penetrando en los más hondo de nuestro organismo para quitárnoslo absolutamente todo.

Y hoy no escribo solo por ti, Bimba, escribo por todos aquellos que sienten y padecen esta enfermedad día tras día. Muchos con positivismo y fuerza, y otros muchos con angustia y profunda tristeza que arrebata hasta los momentos más alegres. Y es difícil, lo sé. No voy a hacerme la heroína diciendo que yo sería de las del primer grupo porque quizás no fuese así. Cada ser humano reúne un conjunto de características que lo diferencian de los demás, y todos tenemos el mismo derecho a caer para volver a levantarnos después, o para seguir desplomándonos una y otra vez porque no vemos ni una pizca de luz al final del túnel. No es difícil perder el equilibrio cuando algo tan terrible coge el mando de nuestras vidas.

Afortunadamente no puedo hablar desde la experiencia en mis propias carnes, y no sabéis lo afortunada que me siento por ello. Pero algo de este calibre termina por hacer acto de presencia de alguna manera en el círculo en el que vivimos, y lo que he podido siempre sacar en limpio de una situación así, es que la alegría y las ganas de luchar son el mejor sistema inmunológico que podemos tener. Y comprendo totalmente a todos los que estéis luchando esta batalla prácticamente sin fuerzas ni ganas de seguir adelante, porque sé que no es fácil, y de verdad que me aterra pensar que tarde o temprano posiblemente muchos de nosotros acabemos bajo esa nube negra, y no puedo comprender cómo algo así sigue avanzando sin descanso ni piedad y que todavía no exista el antídoto definitivo para terminar con él y arrancarlo de cuajo de nuestras vidas. Pero siempre he dicho que la esencia de esta vida es tener fe, en lo que queráis, sea lo que sea, pero tenerla, y creer que algo bueno siempre se esconde a la vuelta de la esquina, y algún día podremos ganar definitivamente este asalto recordando siempre a los que han estado en el campo de batalla tantísimo tiempo, porque la vida está llena de historias y estoy segura de que el cáncer será una de ellas.

Se define la valentía como la ‘Determinación para enfrentarse a situaciones arriesgadas o difíciles’ y si hay alguien que merece ser dueño de este calificativo sois vosotros.

Ojalá pudiese enviaros fuerzas y ánimos por correo electrónico o directamente al buzón de vuestras casas porque no lo pensaría ni un solo segundo. Os admiro con todo mi corazón y  esto va dedicado única y exclusivamente a todos vosotros.



Somos gotas de agua en el océano

Escrito por pieldemelocoton 08-01-2017 en amor. Comentarios (0)

La probabilidad de venir al mundo siendo mujer es de un 50%, por ejemplo, y la probabilidad de haber tenido los ojos azules se reduce un poco, pero sigue siendo relativamente alta. Sin embargo, la probabilidad de que tú, que estás leyendo esto cómodamente a través de la pantalla de tu móvil o de tu ordenador, hubieses nacido en Siria, o en cualquier otra parte del mundo donde el día a día se ha convertido en una verdadera pesadilla, es exactamente la misma que la de haber nacido aquí. No obstante, ya desde hace un tiempo tengo la ligera impresión de que creemos que vivimos en otro planeta completamente ajeno a lo demás, o al menos eso es lo que parece.  Nos creemos que gozamos de un mayor derecho a vivir que todas esas personas iguales a nosotros, que viven (si es moralmente correcto utilizar el término ‘vida’ para referirnos a eso) entre explosiones, muertes, gritos y llantos. Porque cuando vemos en las noticias un nuevo ataque en uno de estos lugares parece como si ni una pizca de humanidad habitase en nuestros corazones.

Nadie nace odiando a una persona por su religión ni por su color de piel. La gente que odia, tiene que aprender a hacerlo y se aprende a amar igual que se aprende a odiar. Y es que fomentamos el odio en lugar de implantar, valorar y premiar el amor. Cada una de las personas que constituimos este planeta, que nos creemos muchas veces el ombligo del mundo, somos tan insignificantes como lo es una gota de agua en el océano o un grano de arena en el desierto. Eso somos. Nada más que eso. Pero cuando se trata de ver como otras gotitas comienzan a desaparecer lo fácil es cambiar de rumbo y dejar que nos lleve la corriente… siempre será mejor y menos complicado.

Me encantaría que cada uno de nosotros perdiésemos la cuenta de los besos que hemos dado, de las películas que hemos visto y de los libros que hemos leído… y no de cuantas personas han muerto a manos de otras que no tienen miedo a la muerte, pero que nos han inyectado en vena el miedo a vivir.  Me estremece pensar en el daño que estos seres están haciendo a nuestro planeta indiscriminadamente sin importarle nada y con el único objetivo de hacer el mayor daño posible. Da miedo y asusta, porque a estas alturas de la película, la realidad ya supera, y con creces, la ficción.

Me produce una inmensa y desgarradora tristeza pensar que algo así continúe ocurriendo y forme parte de nuestra cotidianidad y casi ni nos extrañe que alguien albergue tantísima rabia y maldad dentro de sí mismo. Y no puedo parar de pensar en la suerte que tenemos y no valoramos cada vez que paseamos por nuestras calles, besamos a nuestras familias o abrazamos a nuestros amigos. Hay personas en muchas partes del mundo que no conciben que algo así pueda ocurrirle a ellos.

No me digáis que no es terrible, porque yo cada día pierdo un gramo más de fe en la humanidad, que está dejando de serlo a pasos agigantados.  Como también los niños están dejando de serlo para convertirse en algo mucho peor que ser adulto… Como muchos de ellos ni siquiera han podido experimentar nunca lo que es un beso de buenas noches, un beso en la mejilla o un abrazo de esos que te animan y te rescatan de los pozos más profundos y oscuros. Detalles que ignoramos sin pensar ni un solo segundo en que puede ser el mayor deseo de un niño que no vive tan lejos de ti. Que lo único que nos separa de ellos es la distancia, y lo único que nos diferencia es ese incesante miedo en sus ojos, porque personas somos y personas hemos nacido y todas tenemos el mismo derecho a vivir. Aquí, allí, y en todas partes.

Yo no puedo creerme cómo alguien es capaz de arrancar de cuajo algo tan bonito como la infancia de un niño. Cómo hemos sido capaces de tolerarlo y seguir con nuestras vidas como si nada a nuestro alrededor tuviera que ver con nosotros. Por eso, queridos, tenéis dos opciones: alimentar el odio o premiar el amor. Ignorar lo que veis cada día en vuestras televisiones, o promover el cariño, la lucha por vivir, por salir adelante. Y es que parece que en este mundo donde la tecnología se ha adueñado de absolutamente todo y donde casi tenemos que pedir permiso a nuestros followers en las redes sociales para expresar nuestra opinión, hemos olvidado lo que nos caracteriza como seres humanos: el apego, el cariño… porque todos nosotros nacemos  con la necesidad de sentirnos queridos y si eso no existe, nuestras vidas están destinadas al fracaso. 

Abre los ojos y mira a tu alrededor, aprecia lo que tienes. Valora a tus amigos, valora a tu familia, valora el hecho de tener que pasarte la noche entera estudiando para examinarte de una asignatura, aunque te la pases maldiciendo todo lo que atraviesa tu mente en ese momento, porque hay personas que no saben ni lo que es un libro. Valora incluso los momentos de pura tristeza en los que todo lo ves negro porque desde un sitio no tan remoto como creemos, hay millones de personas rezando por lo que nosotros tenemos.

No os habla la voz de la sabiduría ni tampoco la voz de la experiencia, pero os habla la voz de mi parte más humana que está preguntándose una vez más qué hemos hecho tan mal para que el odio domine al amor, muerta de pánico por si algún día la rabia coge el mando del mundo y termina definitivamente con él.




Gracias por leerme.
Yaiza.

¿Quién soy y qué hago aquí?

Escrito por pieldemelocoton 04-01-2017 en positivismo. Comentarios (0)

Probablemente hayas llegado aquí  y esta sea la primera vez que compartimos un ápice de comunicación entre tú y yo, o tal vez hayas tenido la suerte o el infortunio de haber coincidido conmigo en algún instante de tu vida. Sea como sea,  aquí estás, y te doy las gracias, o te pido disculpas si lo que leerás a continuación no merece tu tiempo, pero igualmente gracias por haber llegado hasta aquí.

Algunos de vosotros habréis podido descubrir que soy una persona que jamás ha intentado herir intencionadamente a nadie, y siempre fiel defensora del amor en todas las manifestaciones posibles, desde ese amor que nace en tu tripa cuando ves al chico que te gusta, o el amor del Papa a Dios…, para que me entendáis.

Pero lo cierto es que lo que me ha traído hasta esta página casi en blanco, es para mí, la manifestación de amor más importante de todas, esa pasión por algo y para algo… lo que nos mueve y nos llena de ilusión y que tantas veces hemos querido sacar a relucir como lo hacemos cuando nos compramos un teléfono nuevo o aquel coche que tanto tiempo llevamos viendo en la pequeña pantalla y que las agencias publicitarias, después de incontables anuncios y carteles, han conseguido vendernos. Ese amor por algo… mi amor por escribir, por liberar esa cajita que tengo en mi mente llena de ideas, de inspiración y que de una vez por todas, he decidido plasmar en mi lista de ‘propósitos para el año 2017’, y por supuesto, cumplirlos.

Ahora mismo me abraza una gran ilusión que lleva el nombre de este blog y que espero seguir sintiendo durante mucho más tiempo, y desde mi tímida opinión no hay nada más bonito que atreverse y lanzarse al vacío, aún sabiendo que puedes fallar.

No quería utilizar mi primer post para deciros algo, que aunque ya todos sabemos, a nadie le gusta escuchar, pero es un hecho, está científicamente demostrado; nos vamos a morir igual. Tú, que estás pensando si sacarte el carnet de conducir porque te da miedo, o tú, que te despiertas cada mañana y te enfrentas a una rutina que solo te produce tristeza y desgana porque odias tu carrera pero ya has cursado dos eternos años y no te atreves a decírselo a tus padres… O sí, también tú, que has decidido irte al extranjero a aprender tu idioma favorito o simplemente a perderte entre esas calles que tanto has visto en la televisión, soñando siempre con poder pisarlas cada día… Lo siento, pero todavía no existe ningún mecanismo que pueda evitar esto que tantos dolores de cabeza nos producen a muchos de los mortales. Pero yo no quiero escribir ni hablar de algo tan lejano, o al menos, eso deseo, ni tampoco vengo a hablaros de la eterna felicidad porque no creo en ella. Yo creo, entre muchas otras cosas, en una cierta ‘armonía’ en nuestras vidas. La RAE define este término como ‘’Proporción y correspondencia de unas cosas con otras en el conjunto que componen’’, pero a mí me gusta matizarlo y explicarlo todo, y yo lo defino simplemente así: estar en equilibrio con todo lo que te rodea. Por eso, échale vida a tu vida, llénala de momentos que a veces te rompan esa armonía, porque de eso trata la vida, de saber volver a ese ciclo y recuperar la cordura… para volver a perderla después.  Porque yo, la eterna fan de las frases positivas y optimistas, recuerdo una de ellas cada día que suena mi despertador y me desperezo entre mis sábanas, que dice así: OJALÁ VIVAS TODOS LOS DÍAS DE TU VIDA. Y eso, querido lectores míos (que espero que algún día os encontréis con este texto, por casualidad o por cualquier otra circunstancia…) es lo que os deseo a cada uno de vosotros. Sentir la  emocionante ilusión por comenzar proyectos nuevos y la tristeza por despediros de los pasados, la incertidumbre adolescente de no saber qué ponerte en tu graduación o la profunda e inmensa felicidad que recorre tu cuerpo cuando por fin, después de tantas horas de trabajo las cuales tildabas de inútiles, comienzan a dar sus frutos.

No pasa nada si te equivocas, porque todavía no existe ninguna ley que condene nuestros intentos fallidos (siempre hablando en términos legales, por supuesto). Mi propósito con este blog no es otro que poder rellenar esos pequeñísimos huecos vacíos de vuestras mentes y poder contribuir un poquito más a vuestra ‘armonía’ o al menos, a intentar volver a ella.

Os doy las gracias de nuevo a todos los que habéis llegado hasta este blog y habéis dedicado 10 minutos de vuestro valioso tiempo en leerme porque este pequeño ‘proyecto’ para mí es enorme, y  ansío verdaderamente tocaros un pedacito de corazón con cada uno de mis próximos textos.


Gracias de verdad.